Aquellos que me conocen saben que desde mis orígenes, hace más de 20 años, creo piezas con alma y desde el corazón. Joyas hechas a mano, despacio y para siempre.

Mis joyas cuentan mi historia, de donde vengo, lo que amo, lo que inspiran y lo que soy. Funden el pasado de México y mi manera de mirar el presente.
Con apenas 25 años por amor me trasladé a vivir a Venezuela y después a México dónde descubro un mundo fascinante, lleno de color, energía, de luz pero sobre todo la artesanía, en cada esquina, en cada calle, se puede ver un artesano haciendo una pieza única, y empiezo a darme cuenta de lo bello que es lo único, lo que no tiene molde, lo que es realmente diferente.
Soy farmacéutica y de algún modo siempre me atrajo la alquimia, las fórmulas especiales y me empiezo a sentir cautivada por todo esto que me rodea.
En México empecé a hacer piezas para mí, joyas hechas a mano en latón con piedras, conchas y cuentas antiguas, todas ellas escogidas una a una, en función de sus formas caprichosas y de su peculiaridad, convirtiendo cada pieza en una joya única e irrepetible.
Me atrajo el latón porque muchos escultores contemporáneos lo usan, no sólo para hacer arte sino también para hacer joyas artesanales. Si bien no se considera un metal precioso, tiene un brillo único que es similar al oro cuando se pule. Es a la vez rico y humilde.
Pronto me di cuenta que no quería sólo diseñar, sino convertir esa pasión en un compromiso firme con mi principal misión: crear, inspirar y compartir. Buscar la belleza imperfecta, transmitir mi gran amor por el trabajo que hacemos, valorando la labor de los artesanos con los que trabajo, siendo sensible a la tradición y transmitiendo su legado.
