TUCSON

El origen de cada colección

En el desierto, entre piedras y luz

Cada año, desde hace ya veinte, viajo a Tucson Gem, Mineral & Fossil Showcase, en Tucson, en el corazón del desierto de Arizona.

Tucson es un lugar especial. Rodeado por el paisaje casi lunar del desierto de Sonora, con sus saguaros centenarios y esa luz limpia que todo lo vuelve más nítido, la ciudad acoge desde hace más de medio siglo la mayor reunión del mundo dedicada a minerales y gemas.

Durante dos semanas, proveedores de todos los continentes se instalan allí: hoteles convertidos en showrooms, carpas infinitas llenas de tesoros geológicos, almacenes donde el tiempo parece suspendido.

Voy a Tucson a elegir las piedras que darán forma a las colecciones del año. No compro por tendencia; compro por vibración. Cada piedra pasa por mis manos. La observo al trasluz, busco su profundidad, sus inclusiones, sus pequeñas imperfecciones que la hacen irrepetible. Me interesan las que tienen carácter, las que cuentan algo.

Lo que busco no es solo color, sino tensión, contraste, una conversación posible con el latón trabajado en el taller.

Elegir piedras es un ejercicio de intuición y responsabilidad. Pienso en cómo dialogarán con el metal, en cómo se apoyarán sobre la piel, en qué emoción despertarán cuando alguien las lleve. Cada selección es el inicio de una historia que todavía no existe, pero que ya empieza a tomar forma.

Después de veinte años, sigo sintiendo la misma mezcla de emoción y respeto al caminar por esas ferias. Porque en el fondo, cada colección comienza aquí: en una mesa de piedras en mitad del desierto.

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