Si hay algo que define mis joyas es la textura.
Me interesa la belleza que nace del gesto, del fuego y de la mano que transforma el metal. Son esas pequeñas irregularidades, esas huellas del proceso, las que aportan relieve, carácter y hacen que cada pieza sea única.
En nuestro taller de México trabajamos sin moldes. Cada joya se realiza a mano y conserva la memoria de cómo fue creada.
La textura no es solo algo que se ve. También es algo que se siente.
DONDE INTERVIENE EL FUEGO
El fuego es uno de los grandes protagonistas de nuestro taller.
Cuando el metal alcanza la temperatura adecuada, se transforma y crea superficies orgánicas e irrepetibles. Cada relieve es el recuerdo de ese instante en el que la materia cambia de estado y encuentra una nueva forma.
Por eso nunca existen dos piezas exactamente iguales.
DONDE QUEDA LA HUELLA DE LA MANO
Algunas texturas nacen golpe a golpe.
Una lámina lisa se transforma mediante el trabajo paciente del artesano hasta convertirse en una superficie llena de luz, profundidad y movimiento. Cada marca captura la huella de quien la creó y convierte la pieza en algo único.